Helipuerto, una contradicción en sí mismo

Desde el 2015 es que vivimos donde vivimos. Es un lugar agradable, nos gusta el barrio y la comuna.
Nuestro edificio se encuentra al lado de un Hospital, por lo que puedo escuchar y ver en cualquier momento ambulancias, gritos, a veces llantos.

En este hospital existe un helipuerto, algo que siempre me ha llamado la atención. Desde la ingeniería y cálculos que se deben hacer para que aguante el peso de un helicóptero hasta quién lo conduce o hace uso del mismo, pasando por mi imaginación aquellas imagenes de edificios gringos con una gran H en su techo.

Siempre quise mirar por la ventana y ver en uso el helipuerto del hospital, pero este está vacío casi todo el año y he aquí el inicio de la contradicción. Por un lado quiero ver y sentir la emoción de estar en mi ventana cuando un helicóptero aterrice ahí, baje gente de él y luego se retire. Lo malo es que si algún día se utiliza el helipuerto, quiere decir que es una situación extraordinaria y, a la vez, una situación de tensión y riesgo máximo porque algo debe ser muy grave para que trasladen a alguien a un hospital y por aire en un helicóptero.

Siento que vivo una gran dicotomía con este gusto, cada vez que escucho pasar un helicóptero pienso en la posibilidad de ver ese helipuerto en plenitud, pero me revuelve la guata saber que justamente se está ocupando. Así que cuando aparece el ruido, saco la cabeza y miro que el sonido viene del aire y no del helipuerto me siento decepcionado, pero a la vez aliviado de no ser testigo de una situación que perfectamente puede llevar a la muerte a alguien.

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